Esto es lo que feministas, "humanistas seculares", "librepensadores" (en una sola dirección, por supuesto), antipapas y liberales nunca terminarán de entender. El único recurso que tienen para explicar de otra manera el fervor religioso intrínseco del ser humano, son las teorías de conspiración.
De verdad, gracias a Dios por haberle revelado la verdad a los sencillos y humildes, y habérsela ocultado a los sabios y arrogantes. Estos últimos que se sigan viendo su propio ombligo.
Foto: asistencia al aeródromo de Cuatro Vientos, acto principal de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), Madrid 2011, con Su Santidad Benedicto XVI.
Crédito: Agencia EFE.
Tan a menudo queda la sensación de que este mundillo de las redes sociales es uno de cartón y vanidades.
Egos por los aires, aderezados con falsa humildad. Desprecios fulminantes, disfrazados de tolerancia.
"Vanidad de vanidades, dijo el Eclesiastés, y todo es vanidad."
El pasado 1ro. de agosto, como parte del ritual de vestición de la imagen de la Vírgen de Los Ángeles, Monseñor Ulloa ofreció una homilía sobre el concepto cristiano del vestido. En ella, hizo un llamado a los fieles católicos, hombres y mujeres, a no reproducir, a través de la forma en el vestir, estándares superficiales de belleza que nos cosifican, nos convierten en objetos sexuales, meramente.
En uno de los pasajes del sermón, Monseñor apuntó: "El vestido ha de expresar el pudor, la naturalidad, la sobriedad, el recato y la dignidad de los miembros de Cristo."
Es difícil describir la sensación que se obtiene al percatarse cómo uno de los medios de comunicación más creíbles, serios y tradicionales del país, La Nación, cubrió esa noticia y transcribió el sermón: "Obispo llamó a mujeres a 'vestir con recato'", entrecomillando una afirmación que nunca existió y, además, dirigiéndola exclusivamente a las mujeres, lo cual tampoco fue el hecho real.
Entrecomilla nuevamente La Nación a Monseñor Ulloa, poniendo en su boca la siguiente afirmación: " 'Sin este (recato), las deshumanizan (a las mujeres), las vuelven una cosa, un objeto nada más'. "
La verdad de lo expresado fue la siguiente: "Podemos afirmar que cuando falta el pudor en una persona, se deshumaniza, porque pierde su intimidad y su individualidad personal y tiene el riesgo de ser tratada como una cosa, es el caso de la publicidad, sobre todo cuando se refiere a la mujer."
Asimismo, sostiene La Nación que Monseñor abogó: "porque el 'don sexual que le dio Dios a la mujer esté revestido de amor, fidelidad, para su más alto fin: la fecundación'."
Esa cita textual se aleja de lo afirmado el día de la vestición: "Se ha de tener muy claro que la persona no es sólo sexo, ella es persona integral y el sexo le pertenece como un don, que tiene que manejarlo en la dimensión del amor, de la fidelidad y de la fecundidad. En este sentido, la virtud de la castidad y su salvaguarda el pudor no es un “NO” a los placeres y a la alegría de la vida, sino el gran “SI” al amor como comunicación profunda entre las personas, que exige tiempo y respeto para disfrutar el amor que hace felices a las personas, según el plan de Dios como nos lo enseña la Virgen María, Madre del amor hermoso."
Puedo entender que, obedeciendo a la prisa por publicar una nota y a las limitaciones de espacio, un periodista deba sintetizar la descripción de un hecho; pero no creo que eso justifique su falsificación.
No entiendo, eso sí, que tanto autoproclamado "pensador crítico" en las redes sociales, no se tome el tiempo ni la responsabilidad de verificar independientemente la veracidad de la nota que ofrece un periódico, antes de opinar, hacer chota o, peor aun, lanzar insultos contra una institución (sea cual sea) y contra una persona (sea quien sea).
¿Cuánto tiempo hará falta para que, por ejemplo alguien que pierde un examen de admisión, alegue daño moral, tener que asistir a terapia para superar el trauma, pedir indemnización por 30 millones y acusar de discriminación? A como vamos, no mucho. Desde todos los flancos se nos hace creer únicos y especiales, con derecho *a todo*. Nadie podrá hacernos sentir inadecuados so pena de poner en marcha los mecanismos sociales de castigo contra aquel individuo u organización que delate nuestra vulnerabilidad y limitaciones.
h/t: @domingomora
No existe ningún salto cualitativo desde la fecundación hasta la muerte; no puede decirse que en un momento es una cosa y más adelante otra diferente; todo el desarrollo está previsto en el genoma. Desde la fecundación existe un individuo de la especie humana que se va desarrollando de manera continua.
Hemos perdido el equilibrio. Por tratar de construir una sociedad menos restrictiva, hemos creado una anarquía liberal, insostenible, que gira torno al individuo como sujeto absoluto para sí mismo. Hoy Diario Extra publica la foto de un joven asesinado, todavía agonizante en su propio carro. Ayer, la de Dennis Marshall, también agonizante en su carro, cubierto de sangre. Su justificación: hay público que consume el producto. Nada de escrúpulos, nada de empatía por el prójimo. Solamente un utilitarismo liberal, para mi gusto, repulsivo. Nos hemos bestializado.
¡Qué progres y que "transgresores" de "lo establecido" estos padres! Que tampoco manden a la criatura a la escuela, hasta que *ella* *decida* si quiere educarse o no. Que tampoco la vacunen, hasta que *ella* *decida* si quiere someterse a ese sufrimiento, que atenta contra su "derecho a la felicidad". Que tampoco le hablen hasta que *ella* *decida* qué idioma quiere hablar. Y que tampoco la vistan hasta que *ella* *decida* si quiere seguir o no esa otra "imposición cultural", el vestido. ¿Qué nos sucede a todos?
Unos padres canadienses deciden criar sin identidad sexual a su bebé de cuatro meses
Espero que el solo término "conservador" aleje de mí a más de un "vanguardista" político y moral del mundillo cibernético, i.e., "humanista" degenerado 2.0. Especímenes de estos, valga decirlo, pululan. Como que se ha vuelto una moda dentro de quienes quieren ser, y aparentar ser, bien portados políticamente hoy en día. Programados para decir y opinar "lo correcto", y así de paso ganarse simpatías y sentirse "modernos".